Dios debe tener allí arriba un inmenso arsenal de personas grandes, gigantes, porque siempre se van los mejores. Ha demostrado que le gusta rodearse de gente que vale la pena, gente que siempre ha estado ahí para todo el mundo y que se ha ido sin molestar, sin llamar la atención, como siempre hubiese querido. La parte difícil es que se ha ido demasiado pronto, con muchos años por delante aún, mucho tiempo por vivir, de repente, en silencio y sin avisar, y dejando tras de sí un inmenso hueco, un vacío en cada una de las personas que la querían que va a ser imposible de llenar. Sólo pido desde aquí que esté en el mejor de los sitios posibles, que me cuide siempre y que sepa que la voy a echar de menos todos y cada uno de los días de mi vida.
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